Subimos a la 6ª del doce de octubre, se abren las puertas del ascensor en una antesala, las paredes están empapeladas de posters de grupos musicales, dibujos hechos por niños, fotografías.
Pasamos a la sala de espera, bien pudiera ser la entrada para los padres en una guardería, con sillas de colores, sorteamos algunos juguetes para no pisarlos. Esperan una niña morena de unos cinco años, encima de las rodillas de su padre leyéndole un cuento, y otro niño pequeño tirado en el suelo, arrastra un coche mientras imita ruidos de motor con la boca, levanta la cabeza nos mira sonriendo, nos incita a devolverle otra sonrisa que convidada por la armonía del entorno, no ponemos de manifiesto el esperado asombro que nos produce que no tenga pelo, ni cejas, ni pestañas.
Atravesamos la sala, enfrente después de un pequeño pasillo, hay un mostrador de una recepción delante de una habitación, por su situación con otras plantas, la sala de enfermeras, en apariencia pudiera ser cualquier sitio ante la desaparición visible de objetos médicos y por estar amalgamados estos en conjunto con otros elementos infantiles. Dos personas con ausencia de ropa blanca de cualquier hospital, se identifican como personal sanitario. De las dos, la chica morena con el pelo recogido en trenzas con orquillas de colores se presenta como la enfermera jefe y nos informa, nos habla en un tono claro muy agradable, sonríe al vocalizar, su voz suena jovial, nos da un breve introducción para visitar la planta.
Al acceder al siguiente pasillo, viene de frente hacia nosotros, un chico joven de unos 35 años, vestido con unos vaqueros y una camiseta blanca, con la cabeza rapada, liada con una pañoleta granate al estilo pirata. Le acompaña una mujer mayor de pelo corto, van hablando, mantienen una conversacion de un modo interesante en tono animado, viendo algunos papeles que sujeta él. Pasamos junto a ellos, nos saludan como dándonos la bienvenida y continúan con su conversación. Al verle de cerca, recuerdo que alguien me ha hablado de él, su aspecto coincide con la descripción que me dieron del jefe del equipo medico de neurocirujía infantil y la persona que le acompaña, adjunta del equipo.
Atravesamos una habitación que tiene la puerta abierta, con un letrero que pone consulta, dentro esta una mujer rubia sentada de frente en una mesa de despacho con muchas carpetas encima, asoma curiosa los ojos por la parte superior de sus gafas para mirarnos pasar, nos sonríe y continúa con su trabajo.
A continuación están las habitaciones de la planta, con puertas de colores cálidos. Una de las puertas esta abierta, nos asomamos para ver el interior, es una sala grande con una pared al fondo de cristaleras desde los que se ve la calle, tiene mesas del colegio, estanterías de libros de texto, libros de lectura, cuentos. Otra zona con una alfombra donde hay juegos. Dentro estaban dando clase antes de nuestra interrupción, cinco niños de diferentes edades con un profesor, nos demandan para entrar y presentarmos. El profesor insiste en invitarnos a pasar para asistir a su clase si queremos, se presenta y les anima a los niños para que los hagan. Nos sentamos en unos pupitres y asistimos a una hora de clase de matemáticas. Los mas pequeños están en pijama y Pablo de unos 14 años se duerme encima de los libros y cuadernos. Andrés, el profe nos susurra para que utilicemos un tono bajito para hablar y dejar dormir a Pablo que por su forma de quedarse dormido en clase, no debió dormir muy bien por la noche.
Salimos de la escuela infantil en silencio, al fondo acertamos a ver una sala que aparenta ser grande a simple vista por sus cuatro puertas correderas de entrada abiertas , vamos hacia ella, continuamos cruzándonos con personas o personal andando por los pasillos, todos ellos con ropa de calle, algunos nos saludan aún sin saber quienes somos, además de que parece que todos se conocen, es costumbre saludarse en el pasillo. Llegamos a la sala, es similar a una sala de estar, una estancia , con algunos sofás de cojines grandes de colores una mesa central color pistacho y mas juegos. Al entrar observamos que están todos hablando como en reunión.
Ante un sitio tan bonito, personal tan humano, tantas personas esforzándose tanto para hacer las cosas bien bajo tanta presión, pasa desapercibido la cantidad de dolor que hay aquí.
2 comentarios:
Muy bonito, no dejes de escribir. Att.- Carmen
Gracias Carmen, siempre que tu me lo digas, no dejaré de hacerlo. Un beso
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