Hoy por primera vez, he acudido a un lugar tan valioso y representativo, para una facultad; como es en la Ciudad Universitaria de Madrid, la facultad de odontología. El motivo que me ha podido llevar hasta allí, mis dientes tienen ya años y mi compañero de trabajo, estudiante de 5º de odontología, que he de reconocer, aquí, me ha adelantado una larga lista de espera de dos años, que tiene el lugar..
Mientras estaba en la sala de espera, daba la hora de la entrada de los estudiantes. A medida que iban llegando, los marrones del lugar, color que nos define a los pacientes también, da paso al blanco de sus batas, sobre el verde del uniforme de estos jóvenes y al resplandor de sus dientes, en perfecta alineación, de un blanco puro.
Mi compañero, siempre con su nívea y amplia sonrisa, ha salido para buscarme, de una de las muchas puertas que preceden a la multitud de salas, que se intuye puede haber detrás.
Todos, hemos ido una, varias, o muchas, veces, a uno, varios, o muchos dentistas, con lo que aquello no puede desvelar muchos secretos, una vez dentro, no deja de ser sorprendente. Al entrar, grandes salas, que veo y las que no veo, llenas de sillas de dentista, mesas repletas de material de odontólogo, todo tipo de equipos de ultima generación. Tengo el hábito, de observar objetos de una sala, para hacer cálculos mentales, practica inútil en un lugar como éste. Junto otra habilidad, imaginar, por un momento aquellas salas; vacías de chicos, vacías de profesores, dejando que el tiempo haga su mella en esta, hoy armonía, años de estudio, trabajo, e inversión, aunados en este sitio presente, parados por un momento caprichoso, de despilfarro económico, mal encaminado por unos pocos.
HE VUELTO EN MI ENSEGUIDA.
No hay comentarios:
Publicar un comentario