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10 sept 2012

Formas de Poder.

Todo hacia parecer que se trataba de un tirano, por su forma de manejarnos, a pesar de ello ninguno de nosotros cuestionó su autoridad, su comportamiento, ni su aptitud frente al trabajo, que se podría haber puesto frente a un pelotón de fusilamiento. Nos acostumbramos a pensar que su nombramiento era acertado, por el tipo de organización en la que trabajamos,  aunque algunos de nosotros ya conocíamos los procedimientos anteriormente,  acatábamos  todas sus decisiones, como si de un lider se tratara, en ningún momento se nos  hizo participes de una decisión de tal jerarquía, por lo tanto se salía de nuestro cometido vigilar a nuestro propio jefe,  por su  gestión. En pocos días los protocolos dieron un giro de 180 grados, no dudamos de  la autoridad de un directivo recién nombrado. Obedecíamos todas sus ordenes.
Al cabo de los tres meses, frente al departamento estábamos agotados, no comprendiamos por qué, nuestra oposición interna a la sumisión, sus ordenes que contradecian los métodos, se volvió complicada la situación y los nervios nos mantenían muy atentos. Empezamos a callar todo aquello que nos ponía tensos, él comenzó a manipular su relación con nosotros para acercarse a sus objetivos, su presión se nos hizo patente y volvimos a ser parte de su ajedrez.
Finalmente terminamos renunciando a nuestra propia iniciativa, sólo realizábamos los trabajos que él establecía, perdiendo parte de la confianza de nuestra ocupación anterior. La desmotivación se nos hizo cargante y patente, recobrábamos el ánimo con los mítines que el nos daba.
Todo acabó a los 6 meses cuando nos enteramos de su despido, sin que nos detallaran las causas, sin que lo anteriormente contado, fuera justificación de tal hecho. Algunos de nosotros, padecimos un síndrome que dió lugar a explicaciones confusas de los motivos de su despido, que en ningún momento existieron, además de los presentes.

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