No todos los días tienes ocasión de ver, como se suele decir, en vivo y en directo, como interviene ante una situación de vida o muerte un equipo del Samur; formado por una médico y dos enfermeros, de los que lamentablemente no tengo sus nombres, para hacerles llegar de alguna forma, esta pequeña mención especial, por su eficacia profesional y coraje personal, ante la situación extrema que yo presencié. Por muy preparado y formado profesionalmente que se esté para ello, no deja de ser una labor excepcional, llevaba a cabo minuciosamente en estado de sobresalto, hago incapié en ello, ya que el trabajo que desarrollan algunos profesionales médicos, a diario, me sorprende enormemente y apartir de este momento seré mas consciente de ello.
Llevaba unos días que le molestaba la espalda, no le dejaba respirar bien. Miguel, se fué a jugar al padel con su equipo como cada martes, sin prestar demasiada atención a la contractura en el omóplato izquierdo, que le fue inmovilizando el brazo, cada vez mas durante el partido. Iba a suspenderlo antes de llegar al final, cuando en el ultimo set, se proclamaron vencedores, Jose y él como casi siempre. Así que, se le fue de la mente el malestar y en las siguientes horas pasó desapercibido. Ya en casa se relajo y se fue encontrando mejor, poco a poco.Miguel, se dice asi mismo que dar importancia a algunas cosas pasajeras empeora la situación fisica, está acostumbrado a ver dolencias de muchos tipos, de momento lo mejor es aliviar la mente.
La semana fué pasando, el viernes Miguel no estaba para muchos trotes, no se encontraba demasiado bien, una semana complicada en el trabajo. Inicialmente se le descompuso el cuerpo, todo hacia pensar que podía ser un virus. Marta, insistió en que fuera al médico esa semana, porque no le veia demasiado bien, y acordaron que si la semana que viene no mejoraba, iría al médico para que le echaran un vistazo.
El lunes por la mañana, preparó la moto para ir ha hacer unos recados antes de ir al trabajo, al cojer la moto para arrancarla, su brazo izquierdo perdió la fuerza y no podía sujetar la moto, entro en casa para avisar a Marta y en ese momento, ella supo que le pasaba algo.Miguel, se sentó en el suelo, se quedó pálido, ella no esperó mas y llamó al 112. Le atendió inmediatamente una señorita, a lo cual Marta gritó:
Mandeme una ambulancia a la C/ siete rosas num tres, en Miraflores, por favor.
Tranquila señora, que enseguida le ponemos con un médico.
No me pongas con ningún médico, mandame una ambulancia, ya!.
Le paso con el médico, señora. Le dijo la telefonista.
Si, dígame que le ocurre al paciente.
Mandeme una ambulancia, ya. Volvió a gritar Marta
Ya está en camino señora, pero que le ocurre.
El médico, al describirle Marta los síntomas, ya sabía de que se trataba, le volvió a repetir que la ambulancia llegaría en unos minutos, ella tiró el teléfono y se arrodilló para atender a su marido. Comenzó a ponerle las manos para hacerle Reiki y la situación no mejoraba mucho, para consuelo de ella la ambulancia efectivamente tardó cinco minutos escasos en llegar. Tres personas con todo el instrumental médico se hicieron cargo de la situación. Comenzaron a desvestirle, en el suelo le envolvieron en una sabana para subirle así a la camilla, una vez alli le pusieron las vías intravenosas, le conectaron el electro para controlarle el ritmo, para el traslado.
Yo pasaba por su puerta, como cada mañana para ir ha hacer footing, ví a Miguel en la puerta ya subido en la camilla, con todo el personal de emergencias a su alrededor, me quedé parada en el momento sin darme cuenta de lo que estaba viendo, estaba absorta mirándole mientras le veía cambiar de color de blanco a morado, en ese momento me devolvió a la consciencia el enfermero, que me pedía que no le tocara, mientras el otro le ponía las palas en el torax para reanimarle, ví a Miguel abrir los ojos fuertemente como salido de un trance y recuperar el color. Uno de los enfermeros le tapó de nuevo con la sábana, para avanzar a la ambulancia, al llegar al portón trasero, el enfermero tiró de la camilla y ascendió al interior, mientras la chica le conectaba de nuevo a varios aparatos del interior, cerró la puerta tras de si y la ambulancia inició marcha de forma inmediata. De camino al hospital, la ambulancia circulaba por tramos, disminuía la marcha de repente y aceleraba a toda prisa acto seguido, por lo que intuimos lo que iba ocurriendo en el interior. La ambulancia llegó al Hospital Central, a la unidad coronaria, donde le esperaba todo el personal para ir directos al quirófano, en la puerta del hospital estaban los celadores para llevarle al quirófano. Una vez dentro, apesar de su estado muy crítico, se le operaría a ciegas para parar los infartos. Localizado el coágulo de la artería, el infarto tendría que aplacarse, entrar en ritmo y frecuencia normal. Así fue, tras una sucesión de cosas bien hechas por parte de todos los intervinientes del acto, a las dos de la tarde, Miguel abría los ojos en la UVI, sin saber demasiado bien que había ocurrido.
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